Soy de campo, como las bellotas, las amapolas o el aire puro. Sé distinguir una boñiga de vaca de una de caballo con solo verla, reconozco la madriguera de un zorro, las huellas de un jabalí, o distinguir un nido de pardal de uno de golondrina. Así soy yo…
No recuerdo que nadie me enseñara ecología, me la inculcaron. Recoger las cuerdas de las pacas para que nigúna vaca se atragante o ningún caballo se enrede con ella provocando una caída, recoger los cristales de un envase roto para evitar un incendio o que una lata de refresco tirada en el campo puede ser un puñal para los animales, es algo lógico para cualquiera que conozca el medio.
He limpiado establos, he echado de comer a los animales en sus pesebres o he «mondao» gallineros.
También he hecho matanza, he lavado las tripas del cerdo o he hecho morcillas con su sangre.
Resumiendo: He servido a los animales, he cuidado de su bienestar y de mantener limpio su hábitat para después servirme de ellos.  Lo poco que tengo o que soy lo he conseguido gracias a ellos. ¡Para un vegano debo de ser un monstruo! Había oído hablar que esa «especie» existía pero hoy me encontré con uno.
Estaba tomando un vino y leyendo la prensa cuando entró en el bar un hombre de unos 46 años que, dicho sea de paso, estaba buenísimo. -Gracias a las feminazis yo sí puedo decir que un tío está buenorro, si sois tios no lo digáis de una mujer que os cae la del pulpo-
El hombre se colocó a mi lado en la barra y le pidió a la camarera una caña, después de servírsela le pidió una lista de tapas, cuando la camarera comenzó a declamar su listado…hay callos, morro, jeta… él la paró en seco:
-Disculpa, es que soy vegano. Ya veo que tenéis poco. Pónme unas patatas de estas- dijo señalando la bandeja de patatas fritas.
-¿le echo salsa brava o salsa rosa?- le preguntó la camarera.
-¡Ninguna, soy vegano! dijo energicamente mostrándose orgulloso.
No pude evitarlo, al oírlo estallé en carcajadas.
¡Ni que ser vegano fuera una disciplina olímpica y él, medalla de oro!
Me miró y, buscando complicidad, empezó su sermón:
-Poca gente entiende que ser vegano es una filosofía de vida. Yo no me sirvo de ningún animal, ni en comida ni en el vestir. No tomo leche ni huevos tampoco. A los 16 años empecé siendo vegetariano y con el paso de los años me volví vegano.
-Llevas un jersey de lana puesto- le dije. Ignoró mi comentario y siguió con su soliloquio
-Los animales no poséen inteligencia racional pero no por ello son menos que yo…
Volvió a llamar a la camarera:
-Cóbrame, por favor, que tengo prisa. LLevo a mi perro en el coche y he de sacarlo a pasear un rato que aún nos queda un viaje largo-
Mientras sacaba del bolso una cartera de una conocida marca que, a menos que fuera una falsificación, y no lo parecía, solo fabrica en piel, le dije:
-Si consideras que tu perro es igual que tú, ¿cómo no lo has traído para invitarlo a algo también?
-¡España es un país de mierda! -dijo- no se pueden meter las mascotas en casi ningún establecimiento.
Mientras la camarera le cobraba, volvió a hablarme de su condición de vegano y me comentó que en su casa, desde que se independizó del hogar de sus padres, no había entrado jamás nada de origen animal salvo sus mascotas, un perro y dos gatos.
-¡Mientes!- le dije
-Te lo juro- me espetó
Y mirándole con cara de «tú eres imbécil» le pregunté:
-¡y tu perro y tus dos gatos ¿qué comen? ¿alfalfa?
Mientras fruncía el ceño y comenzaba a marcharse me dijo ¡Comen pienso!
Solté otra carcajada. No le he contado al urbanita que sus mascotas son carnivoras, he preferido que muera tonto. ¡El pobrecito va convencido de que en su casa no ha entrado nada de origen animal y resulta que sus mascotas comen carne como si no hubiera mañana, pero… ¡comen pienso, dice el tío! ¡Alimenta a sus animales y ¿no se ha enterado que otros animales deben de morir para servirles de alimento?!…¡la cadena natural de la vida!
Y mientras sacaba el perro del coche y lo paseaba, yo lo observaba por el ventanal del establecimiento y me preguntaba si su madre no tenía zapatillas, porque si yo a la mía, a los 16 años, le digo que me he hecho vegetariana, al primer zapatillazo me habría comido un plato de jamón y se me habría pasado rápido la «bobá» y mi excursión al veganismo.
Una pena. El tío estaba buenísimo pero tenía el cerebro «electrocutao».
Después de esta breve conversación, me he dado cuenta de lo importante que es la carne, el pescado, los huevos o la leche para «alimentar» y tener un cerebro medianamente amueblado.
¡Manda cojones!
(Gracias Isabel por dejarme publicarlo)
Categorías: General

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.