Siempre esperaba las vacaciones del cole, como todos los niños. Volver a ver a esos amigos que están repartidos por los 4 puntos cardinales y compartir las experiencias que cada uno de nosotros tenía durante el curso ya pasado.

En mi caso, venía del «este» de España, 800 kms que para nada se hacían duros sino todo lo contrario; la alegría estaba desde el minuto cero.

¿Qué tiene ese «oeste» que tanto engancha? Yo creo, y lo creo firmemente, que no hay un solo «pero» que decir; TODO es fantástico!

El «oeste» de Salamanca, más «oeste» aún desde mi «este», es donde poco ha variado el sentido de la vida, y donde sí lo ha hecho, creyendo en los adelantos superficiales, vuelven-volvemos a reconsiderar la idea de retomar ese camino que nuestros queridos ausentes seguían sin duda ninguna. Ahora, es mi caso y el de muchos, por suerte, que buscamos esa directriz que nunca tuvimos que perder.

Al fin y al cabo, y lo pienso durante gran parte de mi tiempo libre, la vida se resume en vivencias, alegrías, crecimiento personal e instrucción de valores que damos a los que nos suceden. Vuestra tierra engancha! Esa conversación con los mayores donde cada frase dicha por ellos tiene tanta sabiduría y verdad, un paseo al atardecer de estas tierras interminables donde las encinas, robles, fresnos, álamos y algún alcornoque se cruzan en el paseo visual entre el final del día y uno mismo, contemplar el paso del agua por nuestro río Yeltes mientras los pájaros y demás animales manifiestan su presencia de una u otra manera y, cuando te das cuenta, tienes una sonrisa que pocos de mi «este» llegarían a entender y todos, bueno, la mayoría de vuestro «oeste» la llevan grabada; una siesta debajo de tu encina preferida, disfrutar de las fiestas de tu pueblo (y de las de al lado, y del otro de más allá y del pueblo que te han dicho que «es lo más»), y…

Circunstancias de la vida, o el paso de la vida en si, «han» decidido acortar el tiempo de las idas y venidas de mi «este» a vuestro-nuestro «oeste» (dadme el permiso de incluirme), provocando que esa sonrisa ocasional, se convierta en una sonrisa que voy necesitando y me está haciendo dependiente, sí, como el gas-oil para el tractor, o la flor para la abeja.

Me encanta ocupar mi tiempo en las personas, en los momentos, esos momentos insignificantes que significan tanto; donde nada es mucho o todo y el tiempo es relativo. Si se acaba este tiempo hoy, mañana seguiremos…

—¡Buenos días! ¿Otra vez por aquí? Mira que te gusta esto…

Todos (o casi todos) me regalan su alegría y su tiempo, ¿no es fantástico?

En mi «este» volvemos a estudiar «la Gestión del Tiempo» porque se nos ha olvidado la importancia que tiene, no recordamos que después del 1 va el 2 y así consecutivamente, reaparecen las granja-escuelas para que sepan nuestros «enanos» que los huevos los caga una gallina y la leche de vaca, fíjate por dónde… es de una vaca!! Y, que para hacer pan tienes que sembrar trigo; Nos hemos vuelto mudos y maleducados, y para corregirlo nos vuelven a enseñar Ética. Menudo avance hemos hecho…

Todo tiene un fin, voluntario o involuntario y, mis recuerdos vividos, lecciones aprendidas y valores heredados, empujan al precipicio ese punto cardinal ya explorado y carente de emociones, acercando este otro, al inicio, para seguir con la más natural vida posible, y donde probablemente el próximo escrito sea: «Desde el «Oeste», naturalmente.

 

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